
Agradezco la invitación a esta Jornada Pastoral de la Universidad Católica de Temuco en la que de una manera sintética intentaré presentar algunas claves pastorales importantes en la Educación Superior y también algunos desafíos para el próximo tiempo, desde el Magisterio del Papa Francisco y algunas lecturas teológico-pastorales. Les adelanto que lo que les voy a compartir son cosas evidentes, no por eso menos importantes:
El cardenal Tolentino Mendoça, Prefecto para el Dicasterio para la Cultura y la Educación, nos recordó en una ponencia que impartió en Puebla (México), que la universidad, especialmente la católica, debe ser más que un espacio de formación profesional. Está llamada a ser un laboratorio del futuro, cuya misión sea formar personas capaces de enfrentar el cambio de época con espíritu crítico, sentido ético y compromiso social. Las Instituciones de Educación Superior (IES) han de jugar un papel central como generadoras de credibilidad y cohesión social, y más en un país como el nuestro, cuyos índices de credibilidad institucional son muy bajos.
Una IES sin identidad es una fábrica de títulos profesionales y se alejaría de la misión de educar, a ejemplo de Jesús, el Maestro, en el caso de instituciones católicas. Existe el peligro de que quienes trabajan en estas instituciones se conviertan en funcionarios de la educación o de la pastoral, enredados en preservar formas, ritos, normas y acciones que paralizan el dinamismo educativo católico, desapareciendo las obras y los gestos de la vida cotidiana, dejándose de tratar como hermanos.
Una IES católica debe evitar la aspiración de convertirse en una parroquia o en un grupo de devoción. “Algunas universidades católicas siguen considerando que la pastoral se limita a poseer una capilla, una imagen de Cristo, o de la Virgen, o de algún santo. Ellas piensan que son católicas porque tienen asignado un capellán o algún agente de pastoral. En algunas otras universidades, los signos cristianos no están presentes”, nos recuerda el cardenal portugués.
La PES se enmarca en una perspectiva más amplia de la pastoral de la cultura. San Juan Pablo II lo recordó en su viaje apostólico a España en 1982: “La síntesis entre cultura y fe no solo es una exigencia de la cultura, sino también de la fe… Una fe que no se hace cultura es una fe no plenamente acogida, no totalmente pensada, no fielmente vivida”. El cristiano, por un lado, se identifica con la comunidad de los creyentes -participa de la fe de la Iglesia como uno de sus miembros-, y por otro, debe identificarse o definirse con respecto al medio socio-histórico en que vive. De hecho, el marco socio-cultural identifica de alguna manera al cristiano y condiciona, en cierto modo, su manera particular de pertenecer a la Iglesia. Lo que significa que su identidad, afincada esencialmente en su fe y en su pertenencia a la Iglesia, se vive de modo original en contexto muy diversos, entre los cuales están las Instituciones de Educación Superior.
San Pablo VI en la Evangelii nuntiandi nos recordaba que hemos de colocar bajo la luz de la fe el conjunto de la vida cotidiana, con sus interpretaciones del mundo y con sus jerarquías de valores, ofreciendo una clave distinta y decisiva para la interpretación de la realidad y de la existencia concreta. Por eso, resulta imprescindible una honesta actitud de comprensión, que implica cercanía afectiva y simpatía hacia este mundo que Dios ama. Y junto a ello el Papa Francisco nos urge a una profunda conciencia misionera: sentirse enviado al entorno social y cultural, desarrollando la capacidad de comunicación y encuentro, recorriendo los senderos de la experiencia humana, para superar los obstáculos culturales, históricos, sociales y psicológicos que impiden a las personas de nuestra sociedad abrirse a la posibilidad de un encuentro con la experiencia de la salvación de Dios, en Jesús el Señor. Las IES se presentan así como “un ámbito privilegiado para pensar y desarrollar este empeño evangelizador de un modo interdisciplinario e integrador”. Ya no basta con llegar a cada persona, sino que hemos de “hacer llegar la propuesta del Evangelio a la diversidad de contextos culturales y de destinatarios”.
Entendemos que la PES se hace presente activamente tanto a través de los agentes pastorales específicos como de los académicos, personal administrativo y estudiantes católicos que actúan en el ámbito de la vida y cultura universitarias; es decir, será el conjunto de la comunidad universitaria -no sólo a los estudiantes- a quienes se dirige esta pastoral. Hace medio año el Papa Francisco señaló de manera espontánea a los estudiantes de Lovaina que “es demasiado individualista, sin comunidad. El alma mater es la comunidad universitaria, la universidad, aquello que nos ayuda a crear sociedad, a crear fraternidad”.
Precisará además de un proyecto orgánico, orientado a una pastoral evangelizadora y misionera. Un proyecto siempre abierto a la revisión y actualización, orientado al servicio de toda la comunidad universitaria. Habrá de ser un proyecto coherente, enraizado en la sociedad para contribuir a su transformación y dotado de acciones pastorales diversas que queden trabadas entre sí como despliegue de un proyecto unitario.
Además, la PES debe entroncarse en el conjunto de la pastoral diocesana, y traducir creativamente las Orientaciones Pastorales de la Diócesis. Junto a esta integración, dada la creciente movilidad de la población universitaria, es también necesaria la coordinación interdiocesana y, cada vez más, lo es a nivel internacional: el trabajo con estudiantes en movilidad es un campo en el que vemos urgente profundizar.



La PES implica una presencia eclesial que reconozca la importancia de la acogida y el acompañamiento, el protagonismo de los estudiantes y una pedagogía de la acción. Asimismo abogamos por una pastoral de la inteligencia -comprender, criticar y transformar-, para lo cual hemos de promover una racionalidad y cultura humanistas, que se preocupen del ser humano en la realidad de su condición concreta y de sus aspiraciones, proporcionando un sentido de la historia y del quehacer humano.
Dicha racionalidad ha de ser también crítica, capaz de abrirse al diálogo con otras racionalidades, y llamada a crear en los católicos integrados en la comunidad académica la actitud que dispone a comprender los universos culturales concretos, para discernir en los mismos sus valores, tendencias, y sobre todo, sus aspiraciones espirituales. Recordamos las palabras del Papa Francisco a universitarios de Chile, el 17 de enero de 2018: “La universidad es un espacio privilegiado para practicar la gramática del diálogo que genera encuentro”.
El compromiso social deberá estar siempre presente en el proyecto pastoral: la relación estrecha entre evangelización y liberación así lo requiere. Un compromiso en y desde la IES en función de la sociedad, y atento a las necesidades de las Iglesias particulares en las que se inserta. Un compromiso académico real que hace objeto de estudio e investigación aquellos temas que suponen preocupación para la sociedad y para la Iglesia en cada momento histórico.
Se trata de promover una actitud abierta -en cuanto que se deja interpelar por la IES, partiendo tanto de la vida académica como de la vida cotidiana de cada uno de los estudiantes y partiendo también de la vida de los empobrecidos en las diversas realidades sociales, políticas y culturales-, crítica –a partir del análisis realizado y a la luz de las opciones cristianas básicas- y transformadora -porque promueve y realiza cambios concretos en la vida académica de la IES y en la vida de los estudiantes que, ciertamente, repercutirán en la Iglesia y en la sociedad-.
El Papa Francisco en su mensaje a los universitarios a pocos meses de iniciar su pontificado afirmó: “Queridos jóvenes, la universidad y el mundo universitario son un lugar privilegiado para que puedan cultivar su sed de verdad y su búsqueda de sentido en la vida. No tengan miedo de ir contracorriente, de ser diferentes. Pongan en juego sus capacidades críticas, su espíritu innovador y su sentido de solidaridad. ¡Sean protagonistas de su propio futuro y del futuro de la sociedad!“
Ahora bien, no es lo mismo hacer pastoral desde las universidades católicas, institutos profesionales católicos, centros de formación técnica católicos o residencias católicas, dentro de ella, que fuera de sus estructuras. En las instituciones no católicas, se trata de ser fermento en la masa, y hemos de redoblar allí nuestra presencia eclesial -también desde las IES católicas-, si cabe con mayor creatividad, resiliencia y audacia. Tampoco es lo mismo estar focalizados en funciones directivas que en el trabajo directo pastoral con estudiantes, académicos y funcionarios, especialmente por parte de los consagrados y las consagradas.
En las instituciones católicas todo es capilla, todo es sagrado: las personas, los equipos, los espacios, los tiempos, las decisiones, etc. No podemos segmentar la educación de la evangelización, porque nuestra finalidad más auténtica y originaria es educar evangelizando y evangelizar educando. En una sociedad pluralista y secularizada, donde la Iglesia católica sabe a viejo, vive de inercia, le cuesta transparentar a Jesús y sigue todavía muy autorreferenciada, a pesar del fenómeno Francisco y de la Iglesia en salida, con la neutralidad de bastantes educadores e instituciones educativas que claudican de una determinada concepción de la persona y de la vida en aras del consenso sociocultural actual, fragmentando la educación, potenciando la ambigüedad de los valores, ofuscando los contenidos y desapareciendo toda referencia religiosa de la práctica educativa, urge evangelizar el acto educativo.
Es precisamente el acto educativo el que tenemos que tocar y transformar: el aula, el taller, el laboratorio, el aprendizaje, el currículo, las relaciones y el ambiente de la IES, la gestión, la pedagogía, el deporte, etc. Por ser educativa, la pastoral ha de entrar en códigos, claves, dinámicas, lógicas, procedimientos y acción educativa de la Universidad, IP o CFT.
Acudiendo a la imagen del Evangelio, la pastoral entra como fermento en la masa. En razón de ello, es una pastoral que incide directamente en la propuesta curricular de los distintos espacios y procesos educativos. Esta relación intrínseca entre educación y evangelización debe llevarse a cabo tanto en los objetivos perseguidos −que el estudiante conozca a Jesús en su IES−, el liderazgo −tomando decisiones compartidas entre los responsables académicos, administrativos y los de pastoral−, la formación de los líderes académicos, administrativos y pastorales –que incluya formación pastoral y viceversa−, la planificación y despliegue de la dimensión académica −en coordinación con la pastoral−, la tutoría y el acompañamiento personal −las entrevistas, sean tutoriales o pastorales, deben coordinarse y trabajar en la misma dirección−, la IES a tiempo completo −¡los entrenadores y los voluntarios también evangelizan!−, etc.
Al final, sólo la calidad humana y espiritual puede sustentar una acción evangelizadora en la IES. Y muy particularmente en la propia de aquellos a los que se les encomienda el impulso de la dimensión evangelizadora de la Universidad, IP o CFT. Para ello, es fundamental la participación de la PES en los equipos directivos de las IES.



Desafíos
Desde la emergencia educativa de Benedicto XVI al Pacto Educativo Global de Francisco, las IES estamos llamados a orientar nuestros proyectos educativos hacia el despertar de la dignidad humana de todos.
El entorno académico se ha vuelto cada vez más complejo, con emergencia de nuevos actores a nivel global y nuevos modelos formativos, surgiendo nuevos retos que desbordan lo estrictamente académico y profesional, como la Inteligencia Artificial -uno de los desafíos más importantes de la Educación Superior-, como la aparición de nuevas profesiones y la desaparición y los cambios de los empleos actuales. Hemos de prepararnos para responder a esta situación y desde el presente, con sus pros y sus contras, vislumbrar con seriedad el futuro. “La educación es un acto de esperanza que, desde el presente, mira al futuro”.
Les sugiero algunos desafíos pastorales globales que quizás puedan ayudar a impulsar la PES en nuestro país:
Evitar la idea de un modelo pastoral aplicable para todos los contextos. Es necesario pensar un modelo particular para cada uno de los contextos en los que se va a desarrollar la pastoral, pues han de diseñarse de acuerdo a las personas y entornos a quienes van dirigidos.
Comprender que la pastoral no debe estar centrada en sí misma, sino que debe pensarse y planearse teniendo en cuenta a los beneficiarios con sus intereses y necesidades, no desde los objetivos particulares de los pastoralistas.
Fortalecer la reflexión académica sobre la PES: cómo plantear y desarrollar los diálogos fe-vida, fe-razón, fe-cultura, fe-ciencia; cuál debería ser la organización interna de la PES para que sus líneas, programas, proyectos, espacios y acciones respondan conjuntamente a su doble esencia pastoral y educación superior; cuál debería ser el perfil del equipo humano que conforma una PES, sus principales características y conformación, así como las principales diferencias con los perfiles apropiados para otras pastorales; justificación de la inversión en la acción pastoral en una IES, desde su pertinencia formativa integral; etc.
Revisar y transformar -donde sea necesario- el modelo pastoral tradicional en las IES, para que se adecue mejor a la realidad universitaria, convirtiéndose en una pastoral personalizada, integral e integradora, de procesos, de espacios abiertos y flexibles, que inspira y anima, que sale al encuentro, centrada en los otros y en sus necesidades, que fomenta el espíritu colaborativo, que responde a los requerimientos administrativos y financieros de la institución, y que es intelectual y académicamente activa y productiva.
Favorecer la conformación de una comunidad universitaria, consciente de su pertenencia y responsabilidad con la humanidad y el universo, en la que sabiduría, verdad, libertad y amor confluyan será lo que le dé identidad universitaria a la pastoral. Dicha comunidad ha de estar dedicada a la construcción de una ciudadanía política, cultural, humana y espiritual, haciendo que el diálogo entre fe y razón permee todas las áreas de las IES, y no limitarse a la PES.
En un ambiente cultural que prescinde de la fe y piensa que el cristianismo está agotado y ya no sirve, se necesitan testigos de algo que ha sucedido fuera de nosotros mismos, distinto de nosotros, pero que nos afecta en lo más profundo de nuestras vidas, otorgándonos una capacidad nueva. Vivimos la alegría de sabernos “salvados”, celebramos nuestra fe como “salvados” y construimos nuestra sociedad como “salvados”. Con el testimonio transparente de la propia vida, sin estrategias.
Nuestra transmisión de la fe se debería caracterizar por cuatro notas: a) presentar un perfil identificable de la fe y la propuesta cristiana, pues en un contexto pluralista y sincrético, quien no posee un perfil claro, se diluye y pierde relevancia; b) hacer una presentación de la fe amable, desde la amabilidad y el aprecio a los destinatarios; c) hacer una propuesta de la fe que sea atractiva, pues la fe no crece por proselitismo, sino por atracción; d) hacer una propuesta de la fe que muestre la alegría del evangelio.
Promover un real encuentro con Cristo que permita que los jóvenes puedan salir con una fe fuerte y consistente que echa raíces. El gran tesoro de la Iglesia es, sin duda, Jesucristo, quien nos habla y comunica el rostro de Dios. Por eso, hemos de convertirnos en guías capaces de iniciar a otros en el camino de la espiritualidad, la oración y la mística cristiana, ofreciendo en toda su gama, variedad y profundidad, la espiritualidad propiamente cristiana. Hemos de mostrar la idiosincrasia espiritual de Jesús, como maestro, sin tergiversaciones; su ser filial como la clave de su persona y la fuente de su espiritualidad y mística; la inhabitación del Espíritu como lo que le conduce y pone en contacto íntimo con el Padre y su voluntad; su propio modo de orar, que transmitió a sus discípulos; su capacidad para afrontar el conflicto e incluso la muerte, por obediencia a la voluntad de Dios; su gloriosa resurrección, que muestra su identidad y rubrica la verdad de su camino.
Redoblar los esfuerzos para facilitar y promover la corresponsabilidad y el protagonismo real de los estudiantes, académicos y funcionarios en la construcción de su propia pastoral.
Jornada Pastoral 2025 en la UCT: Desafíos y reflexiones para la Educación Superior
Si deseas descargar los documentos que se llevaron a cabo en la Jornada Pastoral y conocer las opiniones de la Rectora de la UCT, Marcela Momberg, Efraín Sáez, Director General de la Pastoral UCT y Ayla Miranda, estudiante de Pedagogía en Inglés acerca de la jornada, haz clic en este enlace.